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Angela Merkel y su influencia en la economía de España

En la intimidad, cuando su marido, el catedrático de Química Joachim Sauer, quiere bromear la llama canciller. Porque en el ámbito doméstico Angela Merkel se rige por los mismos principios que en su vida política: la austeridad, el rigor y las cuentas claras. Ella misma es quien se encarga de hacer la compra en el hipermercado, no se mudó cuando llegó a la Cancillería alemana en el año 2005 y su anodina imagen de chaqueta, pantalón y pelo a tazón permanece intacta. Simplemente, Angela Merkel intenta ser lo que es: la hija de un pastor luterano criada en la sobria y gris Alemania Oriental.

Por todo ello, resulta coherente el papel de poli malo que la líder de la CDU (Unión Democristiana) ha ejercido en la crisis del euro, y especialmente en la recesión de los países meridionales, como España. Desde que comenzaron los problemas en nuestro país, “la mujer más poderosa del mundo” según la revista Forbes ha rechazado con insistencia los eurobonos y otras herramientas de colectivización de deuda europea, y ha exigido que los Pigs (Portugal, Irlanda, Grecia y España) solucionasen sus propios problemas a base de reformas sociales internas y bancarias que no salpicaran lo más mínimo a las instituciones y los bancos comunitarios, cuya médula sirve de alimento al país teutón.

La canciller aplaudió las medidas del ejecutivo de Mariano Rajoy en la cumbre hispanoalemana de febrero de 2013. Entonces Merkel aseguró: “Estoy convencida de que el Gobierno español y su presidente sabrán resolver esta tarea, y Alemania le apoyará con todas sus fuerzas”, cosa que aún está por ver, porque además de exigir, la canciller tiene ahora delante el reto de dar, no solo a España, sino a toda la Unión Europea.

Es el momento de que el club de los Veintiocho ponga en marcha nuevos mecanismos de inversión para animar a la economía de nuestro país y construir una verdadera política comunitaria que ejerza de fortaleza frente a posibles futuros achaques como los que ahora parecen alejarse. La administración española, afín a la CDU, confía en que el nuevo Gobierno de Merkel sirva como faro estable en el horizonte europeo; de él quiere compromisos para activar el empleo en España (especialmente el juvenil, que supera ya el cincuenta por ciento) mediante subvenciones a las empresas, una instrumento que Alemania no aplaude pero que el ejecutivo de Mariano Rajoy da por conseguida.

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