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Ampliación de capital: oportunidad de negocios para unos, desgracias para otros

Tras participaciones preferentes y acciones subordinadas, llegan a los bancos nacidos de la reestructuración bancaria, el rescate de Bruselas y la nacionalización las operaciones de ampliación de capital. Solución de última hora para intentar capitalizar unas entidades cuyos balances arrojan números negativos y con la que pretenden limitar sus pérdidas en Bolsa. Sin embargo, lo que se plantea como una buena oportunidad de negocio para unos puede estar basándose en la desgracia de otros.

Las ampliaciones de capital son una magnífica oportunidad para entrar a formar parte de empresas solventes y que, con el tiempo, aporten buenas rentabilidades y unas plusvalías no menos interesantes. Cuestiones que sólo dependen del buen ojo del inversor a la hora de detectar la oportunidad, invirtiendo en acciones con tendencia alcista y cuya venta proporcione beneficios.
Sirva como ejemplo las emisiones de acciones realizadas por Bankia que han sido adquiridas por los inversores en la suposición de que la entidad, nacionalizada y con perspectivas de crecimientos, arroje dividendos en plazos relativamente cortos. Las emisiones de capital han permitido recapitalizar la entidad, salvar su posición en la Bolsa y complementar la inyección de dinero público que ha convertido al Estado en el propietario del 68,4% de la entidad.

Sin embargo, las emisiones realizadas por Bankia y otras entidades financieras en similares tesituras están basadas en la obligación de canjear preferentes y subordinadas. De esta manera, y tras las medidas adoptadas por el Estado, los poseedores de los activos tóxicos han visto convertidas sus participaciones en acciones que, en esta ocasión, sí, pueden venderse en Bolsa. No obstante, la conversión, realizada a través de bonos contingentes, ha supuesto una importante quita en el valor de los títulos que, en algunos casos, se eleva por encima del sesenta por ciento.

Evidentemente, la primera intención de los poseedores de preferentes puede ser vender sus acciones. Psicológicamente, es entendible, dada la dificultad para recuperar el dinero con las participaciones a perpetuidad que se les vendieron y la desconfianza provocada por la forma de actuar de las entidades. Mantener la cabeza fría y esperar a que la acción muestre tendencias al alza estimables será muy difícil para muchos, sobre todo, cuando se actuó sobre pequeños ahorradores que invirtieron gran parte de lo que tenían en preferentes y subordinadas y que, ahora, han visto cómo han perdido un importante porcentaje.

Así, lo que ha sucedido en gran parte de las ampliaciones de capital es que las acciones presentes en el parqué corresponden a clientes de preferentes y subordinadas deseosos de recuperar algo de su dinero. Los beneficiados, sin duda, son los nuevos inversores que han aprovechado la oportunidad de obtener acciones depreciadas y que cuentan con las condiciones precisas como para esperar a que su precio se eleve lo suficiente como para obtener sustanciosas ganancias. Una oportunidad de negocio que, sin duda, se sustenta en la desgracia de otros.

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